
Hace ya algún tiempo que mis pies están fríos por la mañana porque no tienen compañeros de cama. Ya no busco al príncipe azul, ni verde… ni amarillo… ni rojo, ni siquiera tiene que ser príncipe ya. Tampoco necesito sentir mariposas en el estómago ni ver la vida color de rosa cuando estoy a su lado. Me vale con estar, me vale con que esté.
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