miércoles, 25 de julio de 2012

Malvenido

Tengo un nuevo amigo. Se llama Miedo. Apareció el otro día sin más, se plantó ante mí, se presentó y me dijo que posiblemente se quedase durante una buena temporada advirtiéndome de que me iba a ser bastante complicado echarlo.

Por lo general no me molesta, a decir verdad. Puedo hacer mi vida, él se limita a ir detrás de mí muy pegadito para no perderme la pista. Pero hay momentos en los que Miedo se crece, se hace grande y yo tan sólo sé agacharme en una esquina y enterrar la cabeza entre piernas y brazos que pesan como plomo. En esos momentos en los que se te encoge el corazón, se te cierra el estómago y parece que tus pulmones se niegan a trabajar aparecen los recuerdos e intentan ayudarme, lo sé. Pero Miedo es bastante más fuerte que ellos y, para ser franca, que yo.

Creo que, en parte, la culpa es mía. He mantenido a raya a Miedo mucho tiempo y ahora viene con más fuerza que nunca. Fuerza que ha decidido unirse más a él que a mí. Miedo también me ha dicho que los recuerdos son sólo el espectro de cosas pasadas y que no tiene sentido que me refugié en ellos. Lo peor de todo esto es que, lamentablemente, creo que no le falta razón.

sábado, 14 de julio de 2012


Bien es cierto que “todo llega a su final”, pero, a modo de contraprestación, la vida nos regala momentos de felicidad absoluta, brutal, pura, como esa carcajada infinita en la que te mantienes suspendida mientras observas a tu derecha esos ojos azules achinándose por su sonrisa y a tu izquierda el humo del cigarro envolviendo a la frágil rubia más fuerte del mundo, y está en nuestra mano guardar esos pequeños instantes en el hueco más recóndito de nuestra memoria. A salvo del tiempo y la distancia. 


Porque lo bueno nunca se acaba, si hay algo que te lo recuerde.

lunes, 9 de julio de 2012

Bipolaridad

Todas las dudas se disipan cuando me agarras fuerte de la mano



El problema es que no siempre vas a estar.

viernes, 6 de julio de 2012

¿Capaz o incapaz?



Es curioso como dependiendo del prisma con el que mires las cosas las verás de una u otra manera. No es curioso el verlo con distinto prisma, dado que somos nosotros mismo quienes decidimos por cual mirar, sino la elección de éste.

¿En qué nos basamos para elegir uno u otro? ¿Qué nos hace verlo todo sumamente claro o horriblemente oscuro? ¿Por qué lo que hace dos semanas lo veía nítido cada vez lo veo más borroso? No he elegido cambiar el puto prisma, quiero verlo igual de nítido, quiero estar igual de segura y dicen que querer es poder.

Entonces, si quiero, ¿por qué no puedo?