Cuando era pequeña, mi madre me decía que intentara dormir antes de que viniese el coco. Y se quedaba a mi lado para que ese señor malo no intentase llevarme antes de tiempo.
Lo que nadie me dijo es que cuando te haces mayor, el coco se transforma en miedo; un miedo que no te da tregua y, en cuanto apagas la luz, se cuela en tu cama susurrándote palabras desagradables al oído.
Cuanto más quieres algo, más miedo tienes de perderlo. Y ahora, llegados a este punto, me pregunto si el miedo pretende asustarme o sólo me está preparando para lo que vendrá.