'El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con las misma piedra'
Incluso tres, diría yo. Entonces es cuando me lo planteo, si en eso la sabiduría popular acierta... quizá también tenga razón cuando dice que 'a la tercera va la vencida'. Y luego pienso en cuántas veces más serán necesarias para que aprenda que 'lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible'.
No sé si intentar ir con pies de plomo es un signo de madurez o de cobardía. Debería ser de lo primero, ¿no? Aunque siendo así también habría salido por patas nada más ver la que se me venía encima, otra vez. Pero, aquí estoy de nuevo. Perdiéndome en miradas cargadas de promesas silenciosas imposibles de llevar a cabo. Por ti. Por mí. Por esto que no se sabe lo que es y, sin embargo, nos emperramos en no dejar ir.
Era bonito. De hecho, todavía es bonito cuando me centro en tus labios y me olvido de lo que nos rodea, de los kilómetros y los antecedentes, de las opiniones de la gente, de la mierda que tenemos escondida debajo de la alfombra y a la que sólo miramos de reojo para repetirnos "frena" cuando nos cruzamos. Pero es tan fácil olvidar lo malo cuando hundo la nariz en tu cuello. Es tan fácil respirar tu olor y acordarme de lo bonito que era, de lo bonito que podría haber sido si tú y yo no fuésemos tú y yo.
El plomo del que antes hablaba cada vez pesa menos, cada día soy más ligera y veo como aumento de velocidad, ya no sé donde está el freno o no quiero saberlo. Sólo sé que me voy a estrellar y que va a doler. Lo peor de todo, en realidad, no es que me deje llevar aún a sabiendas de que no voy a salir bien parada. Lo que realmente da miedo es que empieza a darme igual, porque sé que cuando llegue el momento de cerrar los ojos y contar los segundos para el fatídico impacto será tu mano la que esté agarrada a la mía, y todo habrá merecido la pena (una vez más).