Cuesta abajo y sin frenos... nunca fue una combinación. Aunque si al final de la cuesta estás tú, el golpe en tus brazos duele menos; pero duele, para que engañarnos...
He vuelto a caer en la casilla que me envía a la zona de salida, ya soy toda una experta en este juego. O no. Quizá si lo fuese habría echado a correr sin mirar atrás cuando la primera hormiga empezó a revolverse en mis manos sabiendo que en 3 km y 5 minutos más te iba a ver...
Aquí estamos otra vez. Creo que debería plantearme mejor el juego, planear la estrategia, aunque mi corazón sabe hacer K.O a la razón en tres segundos y todo el castillo de naipes se viene abajo, sin aviso. Y es demasiado duro y complicado retirar los escombros, todavía hay polvo de la última vez y miedo, mucho, mucho miedo.
Pero... ¿y si...?

