Bien es cierto que “todo llega a su final”, pero, a modo de contraprestación, la vida nos regala momentos de felicidad absoluta, brutal, pura, como esa carcajada infinita en la que te mantienes suspendida mientras observas a tu derecha esos ojos azules achinándose por su sonrisa y a tu izquierda el humo del cigarro envolviendo a la frágil rubia más fuerte del mundo, y está en nuestra mano guardar esos pequeños instantes en el hueco más recóndito de nuestra memoria. A salvo del tiempo y la distancia.
Porque lo bueno nunca se acaba, si hay algo que te lo recuerde.
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