Adoro cuando cedes. Cuando vienes y me acunas, y recorres mi cuerpo acariciándome con la punta de los dedos. No puedes llegar a imaginar lo agradable que es encajar mi cabeza en tu hombro y dormirme mientras los latidos de tu corazón funcionan como una nana.
No sé quién fue el hijo de perra que dijo “Todo lo bueno se acaba”, hijo de perra porque tenía razón y ahora mismo tanta razón me jode. Me quedan cinco días a tu lado, ¿y después qué?
Me da miedo preguntar, me da miedo callar.
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