domingo, 23 de diciembre de 2012

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Cuando una puerta se cierra, una ventana se abre. O eso dicen... 
El problema reside en si tú no quieres que esa maldita puerta se cierre por muchas ventanas que se te puedan abrir. 

Pero, ¿sabes qué? Te lo mereces, mereces que se te cierre en la cara y de un golpe. Porque tú, bonita, has sido la causante de que esa maldita puerta esté a escasos centímetros de cerrarse. Quizás deberías correr e intentar trabarla antes de que sea demasiado tarde, quizás corras para nada porque cuando llegues ya no habrá nada que hacer. Pero nunca lo sabrás si no echas una pierna delante de otra y le echas el valor que has estado ahorrando estos tres últimos meses.

Corre, es lo único que tienes que hacer. Y si la puerta se cierra, sigue corriendo porque las lágrimas se secan más fácilmente si el aire te da en cara. Ya es hora de que vuelvas a casa. Así que déjate la piel corriendo.

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